ENTRE LA CRISIS ECONÓMICA Y LA PULSEADA POLÍTICA
Milei, en su hora más complicada, pero con ventanas abiertas
Con la inflación como termómetro y una guerra comercial global que amenaza la economía, el Presidente redobla la apuesta: viaja a Estados Unidos para consolidar su alianza con Donald Trump mientras aguarda las grietas opositoras. La interna peronista y el rechazo a Lijo podrían jugar a su favor.
Es la hora más difícil del Gobierno desde que asumió Milei. Tiene dos frentes, uno político y el otro económico, en medio de un año electoral en el que se juega a todo o nada. Por ahora camina solo hacia las urnas: una apuesta fuerte que puede salir mal.
El tembladeral que ha provocado el proteccionismo de Donald Trump en el mundo nadie sabe dónde terminará. La Argentina, débil, está expuesta a los cimbronazos que le seguirán a la decisión norteamericana de subir los aranceles. Al cierre de esta edición, China anunció que recargará con el 34% a todos los productos. Europa se apresta para una guerra comercial de largo aliento y final impredecible. En el medio, países como el nuestro que arrastran una deuda imposible y a merced de lo que resuelvan los burócratas.
Milei no se arredra. No es político de raza, aunque reniega, pero algo tiene. Va para adelante y redobla la apuesta. Canta truco con menos diez. Lejos de la derrota en el Senado, se tomó el avión presidencial y voló a Estados Unidos, buscando una foto y una señal de su aliado Trump. El Presidente puesta a colar su relación personal para mejorar la posición argentina y arrancarle al FMI los dólares que necesita para no devaluar y salir del cepo. Sabe que su principal capital político es la baja de la inflación y una cosa está atada a la otra. En un año electoral, si no puede seguir conservando números bajos, va a hipotecar lo que el electorado más valora. Como buen jugador de plenos, en política también va por todo. Se quiere quedar con un distrito clave como es la Ciudad de Buenos Aires, el patio del PRO, y espera agazapado la resolución de la interna provincial entre Axel y Cristina. Se restrega las manos esperando la cadena de heridos que van a quedar. De todas maneras, esta dinámica parece excederlo. ¿Por qué? Porque la suerte de Cristina en los tribunales no depende él, aunque ella lo azuce, y la determinación de Kicillof de enfrentar el liderazgo en retirada de la jefa sólo la conoce el propio Kicillof. En el peronismo bonaerense es un secreto a voces que se quieren sacar de encima a Cristina, pero no saben cómo. La jefa conserva su capacidad de liderazgo sobre un porcentaje alto de seguidores. No le alcanza para ganar una elección sola pero sí para condicionar al que se le ponga enfrente. Tiene, lo que afirman por lo bajo, una capacidad de daño intacta. Hay que ver hasta dónde está dispuesta a correr los límites y condicionar a su otrora hijo político predilecto, Axel. Entre ellos queda Massa, el inventor de la ancha avenida del medio. Su influencia luce menguada. Como abollado su espacio que no supo cómo quedar al margen de la debacle de Alberto Fernández. No ha pasado tanto tiempo y eso sigue pesando en el ánimo propio y en el del electorado.
En este contexto, Milei enfrenta su hora más difícil, económica y política. A los remezones en los precios de las últimas semanas, le siguió el impacto de la derrota en el Senado con el rechazo de los pliegos de Lijo y García Mansilla. Especialmente del primero. García Mansilla es un catedrático poco conocido por el gran público. Si camina por la calle nadie lo conocería. Eso sin desmerecer sus condiciones técnicas. Nadie se va a rasgar las vestiduras porque tenga que renunciar a la Corte, a la que llegó a través de un decreto.
El caso de Lijo es distinto. Si en la Argentina existe la “casta judicial”, este magistrado forma parte conspicua de ella. Nunca pudo explicar, o hacer entender, el oficialismo por qué quiso impulsar a un representante de contribuir con la peor imagen que tiene el Poder Judicial, alrededor de quien hay múltiples sospechas y ha sido objeto de denuncias. Quizás, con el rechazo conjunto, kirchneristas, radicales y senadores del PRO le han hecho un favor a Milei y a la perpetuación de su discurso anticasta. Porque sostener la candidatura de Lijo para integrar el máximo tribunal del país está lejos del cambio revolucionario del que habló en campaña. Sin quererlo claro, a lo mejor le dieron una mano.
El debate está lejos de las preocupaciones de la calle. Suena distante, interesado y con mucho olor, del malo bien malo. No le va la vida a nadie, salvo a sus protagonistas.
Las volteretas de la política argentina pueden traer más sorpresas en un año electoral. La victoria de La Libertad Avanza en 2023 implosionó el sistema político. Son voluntades desperdigadas que carecen de control partidario o ideológico. El PRO es el mayor ejemplo de cómo lo afectó la decisión del electorado. Este caos favorece al Gobierno; le sigue abriendo ventanas para superar su propia impericia y tapar los errores. O disimularlos. Será hasta que el barco se enderece y la gente empiece a pedir rendición de cuentas de nuevo a todos.